Aunque el relato es un ensayo y no corresponde a un suceso real, sí que se ajusta con exactitud a la problemática que viven los jóvenes Testigos cuando continuamente son manipulados y presionados para que trabajen gratuitamente para la Watchtower. Según les hacen ver, la decisión sobre sus vidas, ilusiones y proyectos no les corresponde a ellos. Perdonad el uso de palabras mal sonantes. No conozco que palabras usaría un suicida en un arranque de locura y tampoco las de una persona enamorada que pierde al amor de su juventud. En un acto de empatía, se me ocurrieron esas y no otras.
Paloma ora a Dios en su alcoba y lo hace desesperadamente.
- ¡Dios mio! Soy Paloma, tu sierva fiel.
- ¡Estoy cansada! ¡Me siento triste e irritable!
- ¡No tengo ganas de predicar!
- ¡Estoy harta de escuchar que hace falta dinero!
- ¡No tengo ganas de ir al Salón del Reino!
- Jehová, Dios mio, ¿Qué me estás sucediendo?
¿Qué es lo que la está sucediendo a Paloma? Posiblemente ella está agotada, emocional y mentalmente. ¿Por qué? Porque lleva muchos años dando lo mejor de si misma y no tiene compensación alguna; solo escucha discursos de urgencia para predicar y hacer discípulos y anuncios semanales solicitando más donativos para el Reino -ese Reino que no acaba de llegar-, y si se relaja un poquito, reproches y miradas severas. Ese fin del mundo que la juraron que pronto vería empieza a evaporarse como el rocío de la mañana: 1975 pasó, 1984 también pasó y el final de siglo también.
El rumbo del futuro de Paloma cambió cuando su mama se hizo Testigo y esta la disuadió para que ella también lo hiciese. Paloma se bautizó a los quince años de edad. Ella fue una estudiante brillante que no comenzó la carrera de medicina porque estaba -y está- mal visto entre los Testigos cursar estudios superiores, pues según la contaban a ella, allí abunda la inmoralidad y la maldad y además Jehová quiere que los jóvenes dediquen su juventud a los intereses del Reino de Dios. Desde niña soñó con ser una doctora de "médicos sin fronteras", pero no puedo ser pues Jehová era lo primero ¡Que lástima!
Paloma sospecha que algo no anda bien. Ella está deprimida pero no lo puede decir porque no está bien visto faltar a las reuniones. Paloma se hubiese sorprendido si ella hubiese conocido la cantidad de hermanos y hermanas que están es su misma situación de desesperación y que permanecen en silencio por miedo a las represalias, pero ella no puede saber eso pues los demás compañeros de fe parecen estar bien.
El otro día Paloma se cruzó conmigo, un mundano, y yo la saludé con una sonrisa. Habían pasado ya treinta años desde la última vez que nos vimos. Me acompañaban mi mujer e hijas: Estábamos muy contentos pues íbamos a pasar la navidad con la familia. Paloma salía de su trabajo. Ella trabaja en navidad pues tiene prohibido disfrutar del ambiente navideño propio de estas fechas. Ella no parecía feliz y tenía muy mala cara, como cuando alguien no tiene buena salud. En sus ojos todavía pude ver un atisbo del cariño que me tuvo. Aún recordaba cuando en verano paseábamos juntos por la ribera del río; yo siempre supe que ella estaba enamorada de mi ¿Por qué me rechazaste Paloma? ¡Ah si! Era un mundano, buena gente, pero un mundano al fin y al cabo, y su religión no le permitía salir con gente de mi calaña. Quiso convertirme para salvar su relación pero yo no quise hacerme Testigo y, finalmente, me dejó porque, según ella, en su vida Jehová era lo primero.
Y contra todo pronóstico ella respondió a mi saludo con voz entrecortada y en tono bajo:
- ¡Hola!
Pensé que hablaríamos pero no fue así, y Paloma retrocedió como si por atrás tiraran de ella con una cuerda. Ella continuó su camino con prisa y cabizbaja.
Sí, creo que Paloma sospecha que algo no anda bien porque desde el pasado verano ella se siente morir. No va al psicólogo porque entre los Testigos está mal visto. En ese estado, ella no tiene fuerzas para hacer nada de nada. Paloma no ha informado su predicación por seis meses, es inactiva, y ya nota miradas de reproche entre sus hermanos. Ir al Salón es un suplicio para ella. Los ancianos la visitaron en octubre y la dijeron que la depresión se cura orando y haciendo el precursorado -predicar muchas horas al mes-. Está terminando el año y Paloma se encuentra peor que nunca.
Un día, a finales de diciembre, entrando al Salón del Reino, cuando Paloma se dirigía a su asiento, escuchó un cuchicheo tras de si y sabía que la estaban criticando. Imaginó que estarían diciendo entre ellas: "Esa hermana está mal espiritualmente, seguro que ha cometido un pecado grave, dicen que ella sale con un hombre de su trabajo y una amiga de confianza me ha dicho que la han visto fornicar a escondidas ¡Chismosas mentirosas!" Ya en su asiento, Paloma se lamenta y en su interior se dice: ¿Por qué nadie me pregunta cómo me siento? ¿Por qué nadie parece saber qué me pasa? ¡Y que no me digan que he perdido la fe! En esos pensamientos rompió a llorar. Se la acercan los ancianos con una sonrisa -de compromiso, piensa ella, y la parece que son burlones con mascaras de carnaval.
- ¿Te podemos ayudar hermana Paloma? -la preguntaron-
- ¡Dejadme en paz! -gritó con sollozos- Y Paloma se levantó con brusquedad y abandonó el Salón del Reino. No permitió que su madre la acompañase y partió para su casa.
Paloma, amiga querida: Ya tienes 48 años y estás soltera y ya no menstruas. No, ya no tendrás hijos a los que amar en tu vejez. Tu trabajo no te ilusiona. Las promesas de la Watchtower ya no tienen valor y no tienes indicios que te digan que tu futuro será de otra forma. El recuerdo de dedicar tu juventud como predicadora en lugares de necesidad ya no te consuela, todo lo contrario, te entristece y te llena de amargura, aunque de forma automática siempre contienes tus emociones ya que los Testigos tenemos que parecer felices delante de los demás. Quieres dibujar una sonrisa pero solo te sale una mueca como si de un tic nervioso se tratara.
Estás sola en tu casa, y en tu habitación te plantas delante del espejo y te miras, quieres buscar la belleza de tu juventud en tu rostro ya envejecido, y desesperadamente no paras de tocarte y estirarte la arrugada piel. Pasas casi dos horas maquillándote y tu rostro no parece mejorar. Las lágrimas te salen dejando un gran dolor en tus ojos. La cabeza parece que te va a estallar de un momento a otro, y ya no aguantas más... Y te pones a gritar:
- ¡Hijos de puta! ¡Cabrones! Por qué me hacéis esto. Yo he sido una buena Testigo, he sido buena Testigo, muy buena. ¡Embusteros! Todo es una gran mentira y me habéis engañado.
- ¡Malditos! ¡Mal nacidos! Habéis arruinado mi vida.
- Cariño, amor de mi juventud, siempre te querré, perdóname por ser tan estúpida. No soy mala chica, solo he sido estúpida. Pudimos ser tan felices.
Paloma toma con fuerza su Biblia y furiosamente la lanza contra el espejo rompiéndolo en mil pedazos. Agarró con dolor uno de los trozos y, entre sollozos y una profunda tristeza, levanta su cabeza al cielo y se degüella clavando el trozo de espejo sobre su garganta. Cae en la alfombra y mientras se desangra en su mente repite una y otra vez: Te quiero, te quiero, perdóname.
Ya hace cinco años que murió Paloma. Cada año, cuando llegan estos días de navidad, siempre me acuerdo de Paloma. Y llorando me digo: ¡Secta despreciable! ¿Qué la hicisteis a Paloma? Yo sí que la quise de verdad. Vosotros la explotasteis hasta la extenuación, hasta que no la quedó nada más que ofrecer. Ni siquiera la dignidad consiguió mantener ¡Cabrones! ¡Mal nacidos!
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